Que mal sabe cuando alimentas un sueño y muere en el mismo momento. Quizás esa venda que nos imponemos para poder disfrutar de ese instante de felicidad tan placentero que nos cede un sueño efímero. Pero no deja de ser eso, un sueño efímero. Alimentado por nuestro pensamiento, por nuestra imaginación. Dejamos que vaya creciendo en nuestro interior. Gira sobre él cualquier cosa que nos suceda en nuestro día a día, influye en nuestra alegría o nuestra penuria, basamos en él nuestro bienestar, él es la base de nuestra existencia, pero seguimos con esa venda en los ojos, viviendo una mentira que, porque no, nos hace disfrutar de la vida. Convierte en simples callejones interminables avenidas. Como gusta poder imaginar que sucedería si ese sueño se llegase a cumplir. Todo sigue su curso, el río vuelve a su cauce y ese sueño que como un niño habías alimentado, muere, se queda simplemente en eso, un sueño. Que mal sabe.